jueves, 26 de abril de 2012

La propiedad intelectual en Internet


Ayer se llevó adelante, en la sala Javier Villafañe del Pabellón Azul, la mesa redonda sobre Derechos de Autor en la era de Internet. A su término, quedó una conclusión: nada es completamente gratis, ni siquiera el acceso a un contenido desde la web, por lo cual todo creador debería cobrar si su material es compartido libremente. El encuentro fue organizado por la Sociedad General de Autores de la Argentina (ARGENTORES), y contó con la participación del guionista Sergio Vainman, el joven escritor Nicolás “Zabo” Zamorano, y el abogado especialista en propiedad intelectual Darío Rodríguez Miglio. El periodista Alberto Catena estuvo a cargo de la coordinación.

Ellos no están en contra del libre acceso a contenidos, sino de la gratuidad de los mismos. “Estamos pidiendo lo mismo que se le pide a una persona que entra a un teatro a ver una obra: que pague. Pero no se lo estamos pidiendo al que consume, sino al que le abrió la puerta, al facilitador”, explica Vainman. 

Desde el punto de vista jurídico los derechos de propiedad intelectual existen, pero es difícil hacerlos respetar cuando desde cualquier computadora se pueden ver las últimas películas y series, leer libros y escuchar música, sin pagar a quienes los hicieron.  

“Nada es gratis –indica Rodríguez Miglio, asesor de ARGENTORES- porque para acceder a un contenido pagamos el servicio de Internet, la banda ancha, el módem, el router, la electricidad. Entonces, ¿por qué si nada es gratis los derechos de autor deberían serlo?”, se pregunta. 

Para el abogado, “el internauta no es amigo del derecho de propiedad intelectual”. Según él, Internet –la “revolución digital por excelencia de los últimos 12 años”- sirve para hacer negocios que no siempre son beneficiosos para los creadores de una obra. 

Sin embargo, crea nuevos públicos para el material disponible, y vincula directamente a ambos, eliminando intermediarios como productoras o editoriales. Además de la organizadora de esta charla, otras asociaciones como SADAIC, AADI, DAC, SAGAI y SAVA reúnen a los autores para que el público llegue a ellos y a sus creaciones. 

Un autor, prosigue Rodríguez Miglio, “debe poder negociar hasta qué punto quiere compartir su material y cuánto quiere cobrar, si es que lo desea. Debe tener una licencia para publicar su contenido y establecer condiciones económicas y de información”. Algunos comparten su obra voluntariamente, como Zabo con su blog que devino en libro: Memorias de mis 16.  

Consumidores versus usuarios

Sergio Vainman, el guionista, plantea una distinción importante y aclara: “Los usuarios son aquellos que ponen a disposición de los consumidores el material, y lucran con eso. Internet para ellos es un negocio”. Los segundos siempre pagan lo que consumen.

Los usuarios saben que proveen obras cuyos autores tienen derecho a recibir regalías, pero en Internet es confuso identificarlos porque faltan regulaciones. Como ejemplo, Vainman menciona la televisión: allí una productora vende un programa, serie o tira, y se firma un contrato que le asegura el cobro de los derechos que le corresponden. Pero eso, a menudo, no sucede en la web.

Rodríguez Miglio comenta el caso de Cuevana y la conveniencia de legalizarla por la cantidad de visitas aseguradas que significa:



¿Es malo cobrar regalías?

“No, y tampoco es malo no cobrar”, responde el asesor jurídico. Hacerlo es una posibilidad legítima, pero difícil. “En el mundo, sólo entre el 5 y el 7 por ciento de los creadores vive del cobro de derechos de autor”, comenta. 

Sergio Vainman añade: “Una sociedad que no protege a sus creadores los termina perdiendo”. Y realmente sucede: muchos autores africanos se van a países como Francia, España e Inglaterra en busca de leyes de propiedad intelectual que les permitan vivir de su trabajo.  

“Los trabajadores de la cultura deben ser protegidos en el marco de la ley. No favorecidos ni privilegiados, sino protegidos, como lo son los trabajadores de cualquier industria”, resume el guionista.

No hay comentarios:

Publicar un comentario